jueves, 10 de noviembre de 2011

Las Patronas




Bendita la idea que tuvo de casarse en pleno verano, encima de lo que iba a hacer sufrir a la porteña que iba a terminar con una aureola amarilla en las axilas y el maquillaje ridículo, nosotras estábamos ahí pasando las vacaciones y se debe haber arrepentido toda su vida del capricho ese de casarse el día de los enamorados, se hacía el porteño con esas cosas , se pensaba que por ser el hijo del comisario estaba un pasito más lejos del corral de las gallinas, se hacía el que tenía el cerebro distinto y se la pasaba preguntándole porqué porqué porqué a todo el mundo. Alguna vez Vero le contestó que ya que tenía tantas preguntas, porqué no estudiaba como nosotras en vez de quedarse todo el año ahí cebándole mate al viejo y murmurando pavadas. El día que se casaba yo me bañé y salí cuando aflojaba el calor, agarré por el camino chico hasta la represa y todavía no era de noche cuando ya habíamos llegado las tres. Fumamos y tomamos una botella entera de Tía María que mandamos a comprar a mi hermanito y llegamos a la parroquia con la cabeza tan alta que nos caíamos para atrás y el aliento tan podrido que nos tapaba los ojos. Estábamos tan borrachas, tan contentas y teníamos tantas ganas de armar despelote que nos parecía que los grillos nos gritaban por el camino y que los bichitos de luz se movían muy rápido avisándole a todos que ahí íbamos, del brazo y a pasos largos, desabrigadas y limpias, por el camino grande de la represa hasta el patio de atrás de la escuela; ahí parar un rato a carcajearnos, a preguntarnos varias veces, yo a Sofi, Sofi a Vero, Vero a mi, yo a las dos, las dos a mí, mirarnos y hacer de cuenta que lo pensamos dos veces cuando sabíamos perfectamente que lo íbamos a hacer, que pararnos ahí en el patio de atrás de la escuela a arrancar pastitos y a decir “chicas, no puedo creer lo que estamos haciendo” o “che, mirá si sale todo mal” no era de ninguna manera considerar la posibilidad de echarnos atrás, sino que era parar más bien a felicitarnos de antemano, a convencernos de que no había forma de que saliera mal.

Del patio trasero sabíamos entrar a la escuela y saltar el cerco del frente para no tener que dar toda la vuelta, y además sabíamos hacerlo con la pollera, cosa que hoy no podría hacer, y la pollera de jean, de esas que no te dejan moverte demasiado, las tres teníamos una parecida, era lindo usarla para ir al pueblo pero más lindo era usarla para andar por la represa de noche las tres solas y encarar el camino grande muertas de risa. A Sofi ya empezaba a quedarle medio chica, para que no le apretara demasiado la panza tenía que ponérsela un poco más alta y le quedaba demasiado cortita, tenía que estar todo el tiempo estirándosela y además era la más incómoda por el tema del casamiento porque ahora andaba con el hijo de la maestra y no quería sacar trapitos al sol ni seguir engordando por vivir quietita y sin novio, estudiando.

Así siguió siendo siempre, muchas veces después me he parado a tocarme el pecho agitado antes de hacer algo, de pelearme con Gabriel o de sacarme la ropa con otro, me he parado a pensar y he querido preguntarme si soy capaz, o si debería serlo, sabiendo muy bien que lo soy, y que paro porque es hermoso saborear el momento antes de decir algo muy feo, o muy hermoso, o una mentira, y es hermoso moverse donde uno sabe tomar atajos y usar minifalda, después de eso me tomó muchos años volver a sentir esa sensasión de patrona, de viento en la cara que reconocía aquella noche, yendo con las chicas a arruinar el casamiento del hijo del comisario y parando en el patio de la escuela para hacer girar la calesita al pedo.

Saltamos el cerco, rodeamos la municipalidad por la parte de atrás para que nadie nos viera cruzar la plaza que estaba iluminada y llena de gente. Llegamos al patio de atrás de la parroquia y vimos a varias mujeres de delantal bien blanquito poniendo la mesa y colgando los banderines. Nos quedamos en lo oscuro, yendo a espiar cada tanto. Se llenó la iglesia, se vació la plaza y entramos a la sacristía. El cura ya estaba en el altar y conversaba con el padrino.

- Hijo de puta... ¿Dónde está? – dijo Sofi – en voz bajita y pareció que iba a decir algo más pero no le salió nada.

- Ya está entrando la porteña. - dijo Vero, y nos mandamos al medio del altar sin persignarnos. Apareció en la sacristía con su traje de novio por la misma puerta por la que habíamos entrado nosotras. Lo rodeamos entre las tres, le pestaneamos un poco en silencio y le empezamos a largar mucho aliento y poca voz,

- ¡Caradura!

- Maleducado, cerdo hipócrita

- Nene de mamá, chupamedias, falso.

- Roñoso, traidor, degenerado.

- ¡Degenerado! Mentiroso, repugnante.

- Bruto asqueroso, cavernícola, animal.

- …Trolo. ¿Qué te casas? Si sos trolo.

Y salimos por la puerta de atrás, nos repartimos los chicles, nos lavamos las manos y la cara y volvimos a entrar a la Iglesia, saludando a todo el mundo.