jueves 24 de noviembre de 2011

Lo perverso

Anabella trajo la desgracia a la familia, desde el jardín de infantes pintaba para genio y figura pero en vez de hacer algo útil, traía problemas. Acusaba a los compañeros de racistas, de mediocres, de depravados , de todo lo que veía en la tele. Hacía huelgas de hambre, lloraba a los gritos por las lastimaduras que ella misma se hacía tratando de pintarse la piel con los lápices de la escuela o de sacarles punta con el ombligo. Se embadurnaba en voligoma, tomaba aguarrás y se cortaba el pelo como cualquier nena, pero decididamente se pasaba de la raya con todo lo referente al gallito ciego, el carnaval y el hurto.

Era muy difícil ponerle límites, le metió el dedo en nariz a todo el mundo, andaba por los baldíos, se cambiaba los peinados y se olvidaba de los exámenes, de los mandados, de cerrar con llave, de cambiar las sábanas, de sacar al perro y de ventilar el baño después de ducharse. Debe haber perdido catorce guardapolvos en toda la primaria. Después se encerró a llorar en su cuarto toda la adolescencia y se olvidó de todos. Salió a los dieciocho diciendo que ya estaba lista para ir a estudiar y a trabajar. Al año ya le había nacido un bebé de un estudioso de no sé qué, que andaba migrando al norte y que después iba a volver. Entonces se quedó ahí amamantando al nene en pleno patio y usando unos trapos que no eran ropa. Seguía mintiendo con el vuelto de los mandados, con el horario de la escuela, con que la espinaca hervida se achica mucho y qué se yo que ave de paso inventaba para comer más choclo, como si alguien se lo fuera a negar con pedirlo de buena manera.

A Anabella nunca le bastaba con nada, siempre quería más y fue así desde chiquita. Si uno se la subía a la falda para hacerle caballito chillaba de alegría como una loca de atar, pero si la bajaban y le decían que ya está, había que empezar a darle explicaciones a los vecinos de lo que gritaba. Se hacía la enferma para dormir en la cama grande, hubo que darle de comer en la boca hasta los cinco años y siempre dejarla que, bocado por medio, ella le metiera la cuchara vacía en la boca a uno, haciéndose la mamá.

De a poco todos la dejaron de querer y a la muerte de su madre se mudó. No se sabe si es que no cambió nunca el domicilio o es que vive muy cerca, pero su nombre sigue estando pegado en la pared de la escuela cada vez que hay elecciones, es todo lo que puedo decir de ella, vino con un problema abajo del brazo y el pan se lo debe estar comiendo con mermelada, porque se sabe que ahora anda casada con un abogado y le dice a la policía lo que tiene que hacer.