
Se acabó, viene taconeando con una cadencia contagiosa todo este odio que le estuve negando a la vida. Ahora van a empezar a tambalearse las viejas sordas nomás de sentir el aire que exhalo cuando hablo y pienso hacerle sangrar los oídos a las maestras. Voy a mandar algunos mails y voy a escribir algunas poesías apaleando el teclado de la computadora de tal forma que suene en todo el edificio. Voy a salir al atardecer de mi casa y voy a caminar todo por Juan B. Justo hasta Liniers, por adentro de la vía del Metrobús, haciendo chasquear los dedos para que me sigan los perros y cuando termine las papas fritas pienso tirar el paquete al piso. Ya va ir siendo la hora de que los recolectores empiecen su recorrido y no tengo pensado meterme con ellos, pero al primero que me diga algo de mis tetas lo mato. Además es viernes y es probable que en algún momento del camino me cruce con algún Rolls Royce antiguo todo lleno de moños yendo a la Iglesia con una novia adentro. Y más le vale que vaya con la ventanilla cerrada porque si llega a escuchar lo que voy diciendo se va a poner a llorar, se va a bajar del auto a decirme que estoy equivocada, se me va a poner a gemir con eso de que somos seres humanos y yo voy a poner en forma de pistola mis deditos bien engrasados y le voy a ir marcando sobre su encaje blanco el ritmo de la frase:
- Vos no sos buena. No sos linda. No sos inteligente. Te quieren y querés porque todos quieren y todos son queridos por alguien. Eso no significa nada. Y ese vestido te salió veinte mil pesos que ni siquiera gastaste por respeto al ritual, a la cultura, por ortodoxia. Los gastaste simplemente porque los tenés, lo hacés porque sos idiota.
Y después voy a seguir caminando, pensando en música.
Yo tenía un novio carilindo, le expliqué que yo no necesitaba querer a nadie, que lo quería porque era hermoso y le advertí que eso de los hijos es la manera más barata y menos complicada de cumplir con la cuota de amor obligatoria que todo ser humano debe tributar a la sociedad y a su conciencia a cambio de que ambas lo dejen mirar la tele en paz. De no cumplirla, se corre el riesgo de que a uno lo metan preso por patear policías, lo denuncien por opinar que a la vejez la gente suele ponerse más estúpida y más hincha pelotas y cosas parecidas.
Ahora caminando por Juan B. Justo vamos a ir a dar a San Cayetano y mi odio es un odio alegre, porque odiar es liberarse de la obligación de amar, yo vivo en una ciudad enorme, soy empleada pública y me gusta leer y tomar cerveza, mi odio va a hacer llorar a los vecinos y me dejará sutilmente más sola, pero mi amor te va a dejar paralítico, corazón, ahora soy libre y ensucio la ciudad porque la ciudad es fea. No pienso dejar que tuberculosis ni orquesta alguna me doblegue el desconcierto, y cuando decida amarte vamos a salir volando.
Mi novio carilindo me entendía y además era medio bocón, cuando se dormía de costado se le desparramaban los labiotes arriba de la almohada y le quedaba un hombro en lo alto con los huesos muy marcados, yo me ponía el pelo adelante de la cara, entrecerraba los ojos y lo miraba entre los obstáculos pensando en una montaña que hay al final de una callecita de un pueblo que una vez visité en silencio.
4 comentarios:
Maravilloso!. Yo también odio mucho y no la voy a dejar sola sino le molesto. Salute!.
Lo mas eficaz que leí de tu producción. Salúd. ViStor.
Me gusto..
Me encantó. Mucho. Que no se acabe la furia.
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