lunes, 19 de noviembre de 2007

Julio




Ahora que parece que Cortázar es malo, yo puedo postear esta maravilla recontra leida y volver a decir que es una maravilla como si nadie jamás lo hubiera dicho y ser original y polémica sin el menor esfuerzo, y así hasta que a alguien se le ocurra hacer correr la bola de que Aira o Fogwill o Lamborghini son malos nomás porque cuando los leíamos nos gustaban y estabamos muy borrachos o muy aburridos y entonces postear a Cortázar no tenga sentido.



El Río
Julio Cortazar

(De Final de Juego)

Y sí, parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena, algo por el estilo, una de esas frases de plena noche, mezcladas de sábana y boca pastosa, casi siempre en la oscuridad o con algo de mano o de pie rozando el cuerpo del que apenas escucha, porque hace tanto que apenas te escucho cuando dices cosas así, eso viene del otro lado de mis ojos cerrados, del sueño que otra vez me tira hacia abajo. Entonces está bien, qué me importa si te has ido, si te has ahogado o todavía andas por los muelles mirando el agua, y además no es cierto porque estás aquí dormida y respirando entrecortadamente, pero entonces no te has ido cuando te fuiste en algún momento de la noche antes de que yo me perdiera en el sueño, porque te habías ido diciendo alguna cosa, que te ibas a ahogar en el Sena, o sea que has tenido miedo, has renunciado y de golpe estás ahí casi tocándome, y te mueves ondulando como si algo trabajara suavemente en tu sueño, como si de verdad soñaras que has salido y que después de todo llegaste a los muelles y te tiraste al agua. Así una vez más, para dormir después con la cara empapada de un llanto estúpido, hasta las once de la mañana, la hora en que traen el diario con las noticias de los que se han ahogado de veras. Me das risa, pobre. Tus determinaciones trágicas, esa manera de andar golpeando las puertas como una actriz de tournées de provincia, uno se pregunta si realmente crees en tus amenazas, tus chantajes repugnantes, tus inagotables escenas patéticas untadas de lágrimas y adjetivos y recuentos. Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse a la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte (con razón, pero qué puedo hacerle), o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado casi por tus imprecaciones previsibles, con los ojos entrecerrados mezclo todavía por un rato las primeras ráfagas de los sueños con tus gestos de camisón ridículo bajo la luz de la araña que nos regalaron cuando nos casamos, y creo que al final me duermo y me llevo, te lo confieso casi con amor, la parte más aprovechable de tus movimientos y tus denuncias, el sonido restallante que te deforma los labios lívidos de cólera. Para enriquecer mis propios sueños donde jamás a nadie se le ocurre ahogarse, puedes creerme.Pero si es así me pregunto qué estás haciendo en esta cama que habías decidido abandonar por la otra más vasta y más huyente. Ahora resulta que duermes, que de cuando en cuando mueves una pierna que va cambiando el dibujo de la sábana, pareces enojada por alguna cosa, no demasiado enojada, es como un cansancio amargo, tus labios esbozan una mueca de desprecio, dejan escapar el aire entrecortadamente, lo recogen a bocanadas breves, y creo que si no estaría tan exasperado por tus falsas amenazas admitiría que eres otra vez hermosa, como si el sueño te devolviera un poco de mi lado donde el deseo es posible y hasta reconciliación o nuevo plazo, algo menos turbio que este amanecer donde empiezan a rodar los primeros carros y los gallos abominablemente desnudan su horrenda servidumbre. No sé, ya ni siquiera tiene sentido preguntar otra vez si en algún momento te habías ido, si eras tú la que golpeó la puerta al salir en el instante mismo en que yo resbalaba al olvido, y a lo mejor es por eso que prefiero tocarte, no porque dude de que estés ahí, probablemente en ningún momento te fuiste del cuarto, quizá un golpe de viento cerró la puerta, soñé que te habías ido mientras tú, creyéndome despierto, me gritabas tu amenaza desde los pies de la cama. No es por eso que te toco, en la penumbra verde del amanecer es casi dulce pasar una mano por ese hombro que se estremece y me rechaza. La sábana te cubre a medias, mis manos empiezan a bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome respiro tu aliento que huele a noche y a jarabe, no sé cómo mis brazos te han enlazado, oigo una queja mientras arqueas la cintura negándote, pero los dos conocemos demasiado ese juego para creer en él, es preciso que me abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo amodorrado y vencido luche por evadirse, somos a tal punto una misma cosa en ese enredo de ovillo donde la lana blanca y la lana negra luchan como arañas en un bocal. De la sábana que apenas te cubría alcanzo a entrever la ráfaga instantánea que surca el aire para perderse en la sombra y ahora estamos desnudos, el amanecer nos envuelve y reconcilia en una sola materia temblorosa, pero te obstinas en luchar, encogiéndote, lanzando los brazos por sobre mi cabeza, abriendo como en un relámpago los muslos para volver a cerrar sus tenazas monstruosas que quisieran separarme de mí mismo. Tengo que dominarte lentamente (y eso, lo sabes, lo he hecho siempre con una gracia ceremonial), sin hacerte daño voy doblando los juncos de tus brazos, me ciño a tu placer de manos crispadas, de ojos enormemente abiertos, ahora tu ritmo al fin se ahonda en movimientos lentos de muaré, de profundas burbujas ascendiendo hasta mi cara, vagamente acaricio tu pelo derramado en la almohada, en la penumbra verde miro con sorpresa mi mano que chorrea, y antes de resbalar a tu lado sé que acaban de sacarte del agua, demasiado tarde, naturalmente, y que yaces sobre las piedras del muelle rodeada de zapatos y de voces, desnuda boca arriba con tu pelo empapado y tus ojos abiertos.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

& Agosti

Cecilia dijo...

obvio. nado con tortugas.

santha dijo...

Aira es malo, salvo por su cuento el carrito. bah no se...
Fogwill y compania no son malos, pero tampocooo...

Cortazar nunca va a pasar de moda, es como hacer el amor. Siempre hay fundamentalistas que insitirán sobre lo uno y lo otro.

dicho sea de paso," nunca te llevé a lo de Madame leonie..."

Anónimo dijo...

Disculpá que me meta, así, sin que nadie me invite, pero lo hago sólo para preguntarte lo siguiente: ¿quién dice que Cortázar es malo?

Juro que lo pregunto en serio. Tal vez (sí, es muy probable) sea un desinformado, pero jamás leí o escuché algo semejante...

Cecilia dijo...

por favor, todos están invitados!

si, ultimamente me vengo cruzando con varios ejemplares de una corriente de jóvenes desenfadados antiacadémicos que dicen que cortazar es malo como Sartre y como Jugate Conmigo

Anónimo dijo...

... y ahora (pero no me sorprende) acabo de leer (lo dijo Santha) que Aira es malo... Está bien, es una opinión y, obviamente, cualquiera puede opinar cualquier cosa, pero, ya que estamos hablando de cosas por el estilo, me gustaría seber cuáles son los fundamentos de esa afirmación (menguada por el "bah no sé..." del final, pero menguada a penas).

Cecilia dijo...

uuuu a vos te hablan fede...a mi me encanta aira

Anónimo dijo...

Por otro lado, yo, que ya no soy muy joven, pero sí muy inmaduro, y entonces sigo contenido en el grupo de los desenfadados antiacadémicos, creo que jugate conmigo no sólo es un clásico (eso, de por sí, le valdría más de una crítica) sino que, además, es un clásico entrañable; está bien, sí, puede ser que sus virtudes sólo sean apreciadas por determinada franja etaria, pero ¿es ese un defecto?
Más bien es una característica...

Y de Cortázar y Sartre, opino lo mismo.

Cecilia dijo...

y si... el problema es la gran bolsa de "cosas de cuando era pibe", cuando las ves y te das cuenta que lo único que tienen en común es que te parecen una bosta entrañable

santha dijo...

Bueno si se me permite contesto contodorrespeto( jajja) a P.S

Primero me transcribo:
"Aira es malo, salvo por su cuento el carrito. bah no se..."

ese "no se" implica no saber si está bien afirmar que Aira es malo, lo que si puedo decir y esto realmente lo pienso, es que Aira es un escritor sobrevaluado y esto se lo debemos a que entra perfectamente en esas pequeñas cajitas criticas que inventan sus amigos los criticos literarios argentinos, bienhablantes y profesores de letras para vivir como plantas parasitas de la literatura.
Ese es mi parecer sobre Aira.

No se si esta bien decir esto es bueno o malo sino me gusta o no.
Eso es lo que me gusta y lo que me disgusta de Aira,

saludos y perdon por la longitud de la explicacion.

Anónimo dijo...

En verdad, la única diferencia que parece haber entre decir "esto es malo" (una opinión siempre es subjetiva) y "esto no me gusta" es de forma; y si la forma nos importa... Una obviedad.

Aira, según parece, no escribió nada que el "canon" pueda considerar bueno (una obra memorable, digamos), sino que se entregó de lleno a la escritura misma, al juego de la escritura; y, como el buen jugador que es, corrió (y corre cada vez más) riesgos.
Eso me gusta.

Sí, cierto sector de la crítica lo endiosa... Tal vez por su virtuosismo (que es innegable, ¡no me digas que no!); tal vez por lo que decís vos.


Pd: no entendí qué es lo que te gusta de Aira. ¿Que "que entra perfectamente en esas pequeñas cajitas criticas que inventan sus amigos los criticos literarios argentinos, bienhablantes y profesores de letras para vivir como plantas parasitas de la literatura"?

Anónimo dijo...

Yo en una página lei que Cotazar es malo, lo ponen en una lista de terroristas.

Cecilia dijo...

que copado! pasa el link...