martes, 24 de diciembre de 2013

Poesía Optimista de Fin de Año



Lo más difícil es empezar, porque
el amor se reparte a la violeta por la calle
donde escasea es porque no hay, punto.

Hay el que se ahoga en un vaso de agua
y el que le arma maremotos con una cucharita
la gente aprovecha que anda con bolsas 
para clavarse las uñas en la palma.

Por lo general a nadie le pasa nada.
El amor se regala por la calle.
La plata se regala en lugares con aire acondicionado y dispenser de agua.
Y en los puertos, en los camiones recolectores o en el mercado central, 
se cambia por mero tiempo, y de premio
te dan unos estupendos músculos.

El conocimiento se regala por todos lados
y donde escasea es porque no hay, no insista.
hay para todos los gustos, 
hay enumeraciones:
ciclos de cine gratuitos al aire libre 
parejas que se llevan treinta años de edad
hospitales con pabellones de oncología infantil
cantautores que ya no toman droga
y hay narraciones
como la de la vez que cierto señor se agarró los dedos con un cajón en la oficina
y con la plata de la ART se fue a una playa nudista a broncearse todo
menos la mano enyesada
y la mano sana se la pudo meter por varios lados a una señora
pero a la vuelta chocó el micro y el tipo se murió todo.

Nada de eso sirve para parar la catarata de estornudos que me provoca la vida
el chorro de tiempo que escupo como un angelito de fuente de plaza.

Aunque si una vieja, Dios no quiera, si una vieja caminando por el barrio
se desbalancea para un lado, se preocupa por la bolsa y los frascos
trata de acomodarse andando como un carro lleno de sandías
pero no lo va logrando ni deja de pensar en los frascos
un pie se le planta frente al otro y se empieza a caer
de canto, muy despacio, hasta que se cae y está ahí
en la vereda con la enagua que se asoma y el pelo vaporoso
como una bola de pelusas de plátano, 
y empieza a querer tocarse la sangre marrón que le sale de un codo
si eso sucede una mañana
se conmueve todo el barrio y nadie quiere ir a trabajar
las maestras lloran y dicen que no saben qué enseñar
se decreta el estado de sitio para todas las almas buenas
y nadie entiende cómo puede ser que a esta altura
de la historia, de la escalera, del Trópico
todavía tengamos viejas que se caen por la calle.

O si un viejo, la Virgen no lo permita, si un viejo de uñas largas
se encapricha, fantasea, se levanta dignificado y quiere comprar algo
le saca punta al lápiz con el cuchillo del pan y hace cuentas
y sale, compra un celular, no anda, reclama con un vocabulario ridículo
vuelve vencido de Garbarino, para en el kiosco y se compra un alfajor
y se queda en la esquina queriendo abrirlo con las uñas, extrañado
porque no viene doblado como las cosas de antes
sino sellado como las de ahora
y tiene un agüita en los ojos 
que tiene casi siempre, pero ahora lo están mirando
si eso sucede una mañana 
se detiene la prensa, conmovida, de toda la ciudad y todos los que iban
hablando con sus novios, se callan y los colectiveros le dicen a los pasajeros
que hasta aquí llegamos, que se bajen y se queden en la esquina
reflexionando sobre la vida.

Porque algo hay que hacer para parar la urticaria que da la vida
que es como la columna de opinión envolviendo media docena de huevos.

Yo estoy muy enamorada de todos, me gustan hasta los diputados
con sus espontaneidades y sus cultas asesoras.
Este país 
es un gran lugar para vivir, es alto y de espalda ancha, 
tiene un brazo levantado, hace frío y calor, 
y tiene unas lindas botitas puestas en Tierra del Fuego

Pero de alguna manera hay que bajar la calentura que da la vida
que es como un fósforo con lo rojito de los dos lados.

1 comentario:

Anónimo dijo...

y si un día pasa Cecilia, seguro no se cae. y si un día sí se cae, seguro se levanta, putea a todos y después se ríe con sus amigos.
te quiero porque escribís bien y porque sos vos. Uju desde el anonimato.