Madre, manda comprar un kilo de papel en la tienda
quiero hacer una poesía.
Dí a Amelia que prepare un refresco bien helado
y que me lo traiga muy despacito.
No corráis, no habléis, cerrad con llave todas las puertas
quiero hacer una poesía.
Si me telefonean, sólo estoy para María
si es el ministro, sólo recibo mañana
si es un bromista, llámame de prisa
tengo un tedio enorme de la vida.
Dí a Amelia que busque la papética en la radio
si hay un gran desastre ven a contarmelo enseguida
si el aneurisma de doña Angela revienta, avísame
tengo un tedio enorme de la vida.
Llama a la buelita Neném, pídele una idea muy inocente
quiero hacer una poesía.
Cuando llegue padre traedme enseguida los diarios de la tarde
si me durmo, por amor de Dios, despertadme
no quiero perder nada en mi vida.
¿Habéis hecho picos de ruiseñor para mi comida?
¿Habéis puesto en su sitio mi pipa mis poetas?
Tengo un tedio enorme de la vida.
Madre, tengo ganas de llorar
tengo taquicardia, dame una medicina
no, dejame, mejor, morir, quiero morirme, la vida ya no me dice nada
tengo horror a la vida, quiero hacer la mayor poesía del mundo
quiero morirme inmediatamente.
Tú, piensa algo, madre, para distraer a tu hijo
tu falso, tu miserable, tu sórdido hijo
que revienta de fuerzas, sacrificio, violencia, devoción
que podría picar piedra alegremente
ser negociante cantando
hacer de abogado con la sonrisa exacta
sin con ello no perdiese lo que por fatalidad de amor
sabe que es lo mejor, lo mas dulce y lo más eterno de
tu purísima caricia.
Vinicius de Moraes. (Brasil, 1913-1980)
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