martes, 21 de agosto de 2007

La bronca de los otros

Un día una chica se enojó conmigo porque le fui a decir que ya no quería salir más con ella. Se hizo un silencio largo durante el cual yo me dediqué a hacer una grulla con las servilletas y ella a poner a hervirse la sangre. Después me miró con una cara que nunca le había visto y me dijo:
- Vos no te das una idea de la furia que yo siento, no podés imaginarte… un poco porque no podés, porque sos estúpido, otro poco porque disimulo y otro poco porque no se han inventado palabras acordes a tamaña ira… no puedo explicarte, no puedo – decía, le temblaban las manos, tenía la cara toda acalambrada, pestañaba muchas veces en pocos segundos, gesticulaba exageradamente con las manos, con los pies, con el pecho inquieto, se cruzaba las piernas de una manera imposible, se las trenzaba casi.
- Vos sabés, yo nunca quise lastim…
- No me estás lastimando! Me estás enfureciendo!! Me enervás, me exasperás, me embroncás desmesuradamente!! ¿¿Me ves llorando acaso?? ¿¿¡Tengo cara de mujer herida??! ¿¿Eh?? – me increpaba y movía la cabeza para que no viera que se le iban enrojeciendo los ojos.
- Yo no quiero que pienses que fui malintenci…
- Vos no sos malintencionado, sos un imbécil! Un imbécil enorme, imbecibilísimo un imbecilón, imbecilérrimo, sos tremenda, exorbitante, insospechada, desproporcionada, insólitamente imbécil, no sé como explicar lo imbécil que sos – me decía, y seguía con eso de que no encontraba forma de explicarse. A esta altura yo no sabía que la enfurecía mas, si su soledad o darse cuenta que no exista una palabra tan grande, tan roja y tan puntuda que pudiese revolearme por la cabeza. La gente siempre elige esos momentos para reflexionar sobre las limitaciones del lenguaje y por lo general repite una palabra como buscándole el revés lingüístico, el pasadizo semántico, como invocando algún dios de la lengua, como en el noticiero cuando dicen “justicia”.
La cuestión es que la chica estaba realmente enfadada y yo odiaba verla con los ojos tan duros, parecía que escupía vidrio, palabras astilladas, inútiles, dando vueltas alrededor de su problema expresivo, con las manos trémulas, llenas de ira inverbalizable, quería ayudarla, yo no sabía que estaba tan enamorada…
- Quiero que sepas que nunca te mentí, que siem...
- Sabés, la verdad es que sos un hombre horrible, habría que meterte preso… desterrarte a Siberia, apedrearte en la plaza pública, no se. Sabés, no te deseo la muerte, no, pero por lo menos que.. que… - tartamudea, tiembla cada vez más, no se dio cuenta que tiene un orégano en el diente- que se te desfigure esa cara de nabo que tenés así no corro peligro de volver a cruzármela algún día! AAAHHH!! Tengo mucha bronca, sólo pienso en pilas de ladrillos, en martillazos, en movimientos violentos, en hongos nucleares, en barrotes de hierro, escucho estrépitos y aullidos…
- Tenés una manera bastante poética de pensar las cosas – la veo más resuelta y trato de amenizar
- ¡¡¿¿Porqué no te vas a la reputísima madre que te parió pedazo de forro descomunal??!! ¿Encima me tomás el pelo?
- Amén! ¿No te parece que estas llevando las cosas demasiado lejos?
- A vos te voy a llevar demasiado lejos de la patada que te voy a dar como que me sigas tratando de loca.
- Te quedó un orégano de la pizza en el diente – le digo, se lo saca con la lengua en un movimiento veloz, un gesto realmente sensual, un segundito en el que la reconocí. Era una chica linda, lastima que estuviera tan loca.
La bronca es el sentimiento más inútil, más inestable y más improductivo que existe. Siempre se transforma en otra cosa, nunca es del todo justificable. Yo sé que a alguien embroncado no se le puede pedir que razone ni se lo puede comprender nunca del todo, pero esta chica se estaba metamorfoseando en una masa iracunda parlante, empezaba a mover las manos de maneras extrañas y se le contraían los gestos en expresiones desconocidas hasta ahora. No sabía como pedirle que parara la escena.
- Clarita, no te reconozco. Me parece que tendríamos que irnos cada cual a su casa y hablar cuando esté todo más calmado – le dije mirándome los zapatos.

Y me acomodé el ruedo de la pollera, me estiré las medias, me até las tiritas de las botas, busqué algo en la cartera, me puse a hacer cosas que se hacen con la cabeza baja para que no me viera casi llorar, no le dije más nada, me levanté, me fui a mi casa. Era inútil, ese imbécil jamás iba a entender lo que le estaba diciendo. Y yo no encuentro mejores palabras para explicarlo. Tengo que pensar como si estuviese en el lugar de él para no ponerme a llorar y a temblar mientras lo cuento.

8 comentarios:

Isil dijo...

las mujeres no hablan asi

chango dijo...

Jeje, debe ser la época del año :P
Hace unos días nomás posteé una bronca similar a la tuya, jeje.
Pero desquítese nomás señorita, que hace bien.
Si quiere puedo recomendarle una música muy pero muy muy buena para cuando uno está furioso. Ahora que se me arregló la compu la escucho todo el tiempo y soy el humano más tranquilo y amorypaz del mundo :)
Saludosssss (^_^)

Junior dijo...

y porque no va a hablar asi...?

Piba, habla como quieras...
me gusto lo del oregano de la pizza.

Cecilia dijo...

isil:
yo sí

Matzei:
igual no es autobiográfico, pero gracias

Junior:
el único que comprendió lo del orégano, que grande

Isil dijo...

asi a la vida le hablas? a la gente?

no te creo.

Que escribas asi seguro, pero en el momento? hmmmmmmmmmmmmmmmhmmmmmmmmm duudamelio

Cecilia dijo...

si, asi.
asi no se dan cuenta que no estoy diciendo nada.

Geor - dijo...

"vos sabés nunca quise lastima..."

si habré escuchado esa frase, si me habré identificado con tu post, Ceci.
Beso.

Cecilia dijo...

nooo!! te identificaste? yo quería efecto de ostranennie!! soy horrible.. los adeptos a Popo (porno poeta) tenían razon, soy malísimaaaaaa!!