miércoles, 12 de septiembre de 2007

La poesía de los otros

Una vez un chico me dejó diciéndome que el problema era que yo era media poeta. Me lo dijo de maneras primero sutiles, luego equívocas, luego más encrespadas. Entendí perfectamente su planteo, pero no imaginé que se iba a poner tan intransigente.
- Bueno, es que no nos estamos entendiendo – me dijo – es así y punto. A veces siento que no tengo idea de lo que estás diciendo, ni mucho menos lo que estás pensando. Y a veces ni siquiera me interesa. A veces siento que me querés para escribir poesía.
- ¿Cómo podés pensar eso, Juan, alguna vez te quise durmiendo en una metáfora? No, no seas injusto con migo, no te voy a estar investigando las uñas con la mera fantasía de sombrerearme el contemplaje. No estaba plumereando museos cuando me metí en tu zoológico. Tu basta bastardo, Juan, es una tempestad inútil. No me acuses de llevar nuestro ritual pagano a los ambiguos márgenes de mis inclinaciones poéticas, no es cierto, nuestra relación es una ciénaga de luciérnaga y luna, no sé qué es lo que te inquieta…
- Me inquieta que me pienses y me sientas tan poéticamente, Clarita y vos sabés que es así, yo soy un hombre muy visceral, muy directo, vos me conocés, y a veces creo que sentimos de maneras muy distintas.
- ¡No es así! Yo te percibo de una manera muy simple, muy cotidiana, sería capaz de declinar tu nombre hacia los vocablos más prosaicos, me hacés sentir muy griega cuando me mirás, no tenés que dejarme, tu nombre es el único dialecto para mi voz en plenitud, si tuvieras un nombre
de guerrero, te dijeran prócer
trataría de alabarte de
frenético salto y solemne
canto de telescópico himno
a tu paso hecho camino

Si te llamaras en cambio
como un santo o un rayo de sol
si tuvieras un nombre blanco
con olor a incienso y a jazmines
no aparecerías en la arena de lo zapatos
ni en el ruido de tantas tantas tantas tantas tantas tantas tantas palabras.

Tenés un nombre que suena a cascabeles y a llovizna
nombre que salpica y se deshoja, tarareado con tambores
nombre de cierto tipo de nubes naranjas, se parece
a las vías de tren, los grillos, los sapos, el agua a punto de hervir.

Nombre de trino de vapor, orquestal voluta de humo
de resolana en terraza, constelación inventada como todas
se escucha como plegaria y buen día, carcajada y como suena
lo que prefiere estar quieto o se mueve a un ritmo de ausencias

Tu nombre de goteo incesante, Juan, te llamás como
todo lo que lejanea estándose muy cerca.

- ¿Ves? ¿Cómo querés que me sienta bien con vos si me hablás así? Es como aquella vez que nos peleamos y me dijiste "sos un enorme zeppelin". Ese día me sacaste. Me parece muy bien que lo hagas, pero yo no quiero sentirme tan involucrado. Sin embargo, creo que hasta podríamos, más adelante, ser amigos..
- No, Juan, no me digas eso, no te aguanto si no me tocás. Me acusás de ser demasiado lírica pero te estoy pidiendo que recuerdes, meteorito, nuestra procacidad y te atrevas a sostener que no fue cierta nuestra correntada. Juan, tu mano es una asociación de palos salvajes, un pacto de cinco forajidos, tu patota de botones, mi cielo, capturarte borbotones, ¿quién te va aguantar, si no yo, cuando te ponés enorme?

Yo me sentía un soldadito en un desfile, no podía dejar de golpear un ritmo parejo con el pie ni de mirar el segundero como si me estuviese ocultando algo. Me acuerdo de todo lo que dijo pidiéndome que no la dejara, pero igual la dejé.

1 comentario:

Anónimo dijo...

"me hacés sentir muy griega". muy bien, muy gracioso, muy cierto y todo lo que le sigue (que no es poco).
Me gustó mucho ceci.

[Ayer:
-Lu, vamos a caminar.
-Llueve mucho, estoy cansada y tengo presión baja.
-Ay, qué poco poeta sos.
-Evidentemente]

Poesía de tu vida, tango de tu vida. Bastardo, basta.