Había una vez un departamento.
Bah, en realidad no era un departamento, sino un p.h. Asi que habrá que olvidarse de correspondencias, series, reiteraciones, monotonía, multitud y soledad, reduplicaciones de espacios idénticos y estatismo angustiante. Esta historia no transcurre en un edificio de mil departamentitos iguales, sino en un particular P.H. pasillo y al fondo. Era propiedad de una señora que no fuma, toma un poco de vino, tiene un hijo común y otro un poco veleta. Ah, y una hija con la que tiene una relación muy compleja y muy interesante, como suelen ser las relaciones de las madres con las hijas, ¿no? Bueno, pero a lo que voy es que el centro de la historia que de ninguna manera será de cotidianeidades y pequeños momentos, no será, de ninguna manera, un personaje como esta señora viuda tan poco pintoresca, que para colmo vive de rentas y no sabría que inventar para hacerla salir de su casa a protagonizar algún episodio.El protagonista de este cuento que comienza con “Había una vez” porque habla de cosas extraordinarias, es el departamento. Es decir, el p.h. Pero en el p.h. no había libros apilados en el piso ni vivía un muchacho de huesos marcados y ojos afiebrados que narrara su crisis, su devenir vagabundo y las angustiantes reuniones con sus aletargados pero pretenciosos compañeros de vicio: Estamos acá teniendo pensamientos muy graves. Hay colectividades, grupos sociales y amigos en hábito y latiguillo cuya existencia evocamos y sacamos unas conclusiones de desfile y parlante. Nos parecen muy tontos. Y yo me aburro de divertirme tanto.
Acomodate unas palabritas, chiquito, sentate como echándote, con un abandono entre visceral y melancólico, tirate acá al lado como el perrito triste que sos, que yo te enseño quien era Sade y te cuento cuán púber estaba cuando lo leí, que tontos que eran los demás, hay cosas entre nosotros que damos por sentadas. ¿Sabés que todos los que leen a Sade son unos giles? Yo me río de cosas raras y me calientan chicas con mucha ropa. Somos tan inteligentes. Hacemos collages de cosas que escuchamos por ahí. Las palabras groseras son polémica y sacrilegio en nuestra boca, el lunfardo es nuestro bilingüismo existencial, nuestra veracidad dinámica. Todo lo leíamos de pibes, de infantes, de bebés.
-Yo lo leía de pibe. A los 10 años lo empecé a leer. Por ahí le preguntaba a mi vieja por alguna palabra que no entendía, me daba paja buscarla en el diccionario, aparte viste que los diccionarios son una garcha, nunca te dicen lo que necesitas saber. Para qué! Mi vieja me preguntaba ¿de donde sacaste esa palabra? Y ponía el grito en el cielo cuando me veía, boludo, imaginate, el pibe todo lleno de mocos leyendo Filosofía en el tocador. La biblioteca del colegio era una mierda, obvio, como todas, no tenía una garompa, los de “elige tu propia aventura” salían como piña… no va que encuentro ese y la bibliotecaria que obvio que era una boluda tremenda ni se fijo lo que me estaba llevando… cuando me vio mi vieja!
-Ja ja ja… y bueno, no te hubiese mandado a que te alfabetizaran
-Buee se supone que en la escuela es “Mi mama me mima”
-O Evita me ama!
-Ja ja ja!
Decía que no son estas cosas las que acontecerán al respecto del protagonista de esta historia, el departamento, quiero decir, el p.h. cito en J.R.Velasco entre Malabia y Acevedo, donde se juega, como en todos los lugares en los que se juega a algo, ateniéndose necesariamente a las reglas porque sin reglas no hay juego posible, como dicen los lingüistas pragmáticos y sin pragmatismo no hay juego que valga la pena. Decía que en el p.h. de Villa crespo no vivía ni un joven en tempestades ni la chica de todas las leyendas urbanas escritas en los muslos. El departamento, digo, el p.h., lo alquilaban unos chinos que tenían un supermercado a la vuelta, sobre Malabia, y lo usaban de depósito de cajas vacías y de cajas con cosas que todavía no necesitaban.Así es que no vivía nadie en el p.h., nadie que se tendiera sobre la alfombra a ofrecer un paneo primero con los pies inmóviles y luego adelantando un pensamiento ardiente desde la rodilla en lo alto del enigma sórdido y fácil, hasta la despeinada embajada del sol en la resaca.El p.h. era un depósito. A mí las cosas me están pasando en el pelo y no quiero conmover a nadie. Yo nomás digo que los personajes arruinan las historias extraordinarias y por eso el protagonista de esta historia es un inerte departamento, digo, p.h.
- Bueno pero esa historia no me gusta, es aburrida y tiene demasiadas palabras al pedo.
- Todavía no empezó la historia
- No va a empezar nunca si ponés unas cajas en un departamento vacío
- Aguantá, ya vas a ver.
Personas que poseen la llave del departamento, es decir, el p.h., o tienen acceso a ella:
Sr. José Luis Trogliatti, casado, en adelante el viudor, 58 años, co-propietario del p.h. Al momento de los hechos, recientemente muerto, aún insepulto, está siendo velado con su único traje de fiesta en cuyo bolsillo interior, ignorado por sus deudos y los despistados empleados de la casa velatoria, se encuentran: su credencial de socio vitalicio del Club Atlético Ferrocarril Oeste, un peine de bolsillo, una foto de su nieta preferida, la más linda y la del hijo más bueno y una copia de las llaves del p.h. de Villa Crespo.
Sra. Ana María Giufre de Trogliati, casada, en adelante la viudante, 45 años, gorda y antipática de muy malos modos potenciados ahora por su nuevo estado civil. Futura única propietaria del p.h.
Hi “El chino”-Huang-Ming (o Hi-Huang “El chino” Ming), tiene un hijo supermercado de su antigua esposa que era un Geisha muy respetable y bien provista y ahora está de novio con un p.h. en Velasco y Malabia, en efecto, el p.h. en cuestión que hoy nos convoca, el protagonista de esta historia extraordinaria, más extraordinaria que todos los Cuentos Chinos del Mundo, o de China, o del Mundo.
Diana Claudia González Pinto, 28 años, cajera del Supermercado, sabe dónde se guardan las llaves, abre el supermercado media hora antes de que su jefe llegue y lo cierra media hora antes de que se vaya. Si quiere se puede robar lo que quiera, pero es una chica honesta a pesar de su rubio mentiroso.
-Al grano
-Bueno, a todo esto, en Lerma y Acevedo se reúnen los deudos alrededor del infartado Trogliati, toda esta gente es un elemento accesorio al relato que, como dije, ocurre a unas pocas cuadras y tiene como protagonista al departamento es decir, el p.h., que estaba lleno de cajas. La cuestión es que estas cajas no son unas cajas cualquiera. Son cajas que hacen al depósito de nuestro p.h. protagonista, digo, departamento, digo, p.h.
-¿A qué la insistencia en lo de p.h.? Es lo mismo, Marisa!
-Si digo departamento digo demasiadas cosas, o mejor dicho, digo una cosa de pretensiones universales, es decir, porteñas, digo categorías sociológicas, digo diagnósticos mas amplios. Tal vez entre la droga a un departamento o el cáncer como entran a algunos departamentos sí y a otros no, siempre sin hacer mucha bulla, pero cuando algo pasa en un p.h., es mas digno de contarse. Todas las cosas que pasan, pasan en los departamentos, pero no todas las cosas que pasan, pasan en los p.h., ¿Entiende, doctor?
-Vos te quejás de las lecturas biográficas o psicológicas pero lo primero que hacés es decirme doctor…
-Bueno, no se... fijate. Yo nomás te digo. Te extraño. No quiero conmoverte. Por eso trato de contarte una historia sin gente con cajas…
Decía antes de que me interrumpiera este hijo de las cosas, las cajas llenaban el p.h. y a veces se llenaban a si mismas.
-Sospecho que no tenés absolutamente nada que decir respecto de las cajas
-Yo no dije que las cajas fueran las protagonistas, dije que el departamento lo era, corazoncito con soplo, escuchame, escuchame bien escuchada porque yo te quiero montar un escenario en las pestañas, y así no me vas a sentir la historia.
-Estás empezando a hablar como no me gusta.
-Pero yo pago para hablar como quiero.
-Siempre lo arreglás con plata.
-Siempre me curás la caja.
-Qué grosera... estoy pensando en derivarte.
-Hablando de cajas, había una vez un departamento, digo, un p.h.
-Si, esa parte ya está, ahora empiece la historia o mejor nos vamos que ya se va a largar a llover.
-No, no, ya empieza…
-No va a empezar más, apagalo.
Todas las mañanas, la primera en entrar al p.h. era la señorita Diana Claudia Gonzalez Pinto. Abría el candado de la cortina metálica, entraba por la puertita recortada que tienen esas cortinas, agarraba la llave del p.h., se la guardaba en el bolsillo, volvía a salir por la puertita, volvía a cerrarla con candado. Volvía a los diez minutos y se fijaba enfrente si el tipo canoso del primer piso la estaba mirando como todos los días entrar y salir y volver a entrar sin llegar a develar nunca el misterio de qué hacía en esos diez minutos. Es así, cuando uno no tiene quién le cuente historias después anda mirando cualquier insignificancia con unos ojos de sánscrito y encuentra acertijos en cualquier embutido. Vos sabés que Diana iba al p.h. Yo que soy ama y señora de esta historia tan extraordinaria, se qué es lo que Diana hacía en esos diez minutos en el p.h. El canoso no sabe nada. Y el p.h. estaba lleno de cajas y aveces también estaba lleno de Diana que tenía un perro escondido en el lavadero de la terraza porque en el sucucho que alquilaba no la dejaban tener mascotas y todos los días llegaba temprano para robar la llave e ir a alimentarlo.
Buen día, Felipe, hora de alimentarse. Te congelaste anoche acá, ¿no? Yo también. Anoche salí con Anabel y el novio y un amigo del novio. Dos giles. Se la pasaron hablando entre ellos de Sade, que parece que además de ser Sade era escritor. De golpe se acordó que había minas y que una le tocaba y me quiso tocar en seco, en frío, en cualquiera, un idiota... en fin. Me voy que en un rato llega el chino. Acordate de no hacer ruido. Chau Felipe.
- Apagalo, che, se me confunde con lo tuyo.
- No, dejalo que si no no vamos a saber cuando empieza. Vos concentrate, estábamos velando a Trogliati que anfitrionaba con una llave del p.h. en el bolsillo.
- ¿No que la historia venía con el p.h. y el perro y la cajera?
- Si, pero no dejes de mirar. Diana, que era un gato misterioso escondiendo perros, al fin y al cabo se iba a los diez minutos. Abria el súper ahora de manera contundente como una rosa china que se abre roja a más no poder en un cantero roñoso y se sentaba a apunarse la nostalgia boliviana en el altiplano de su banqueta de cajera hasta las ocho.
- Eso no es una historia extraordinaria.
- Quedate, historia extraordinaria.
- Lo extraordinario viene después.
Alguna vez alguien se echó sobre las cajas del p.h. a llorar alguna cosa llorable que de esas sobran, o a meditarse la fatiga o a fatigarse de alguien o con alguien. Cuando Diana Claudia planeaba su casamiento con Sade le preguntó al chino "che, chino" que cuánto le cobraría por alquilarle el departamento sin necesidad de que él dejara de utilizar una pieza de depósito y el chino le dijo que no era un departamento, sino un p.h. Diana repreguntó lo mismo, pero diciendo p.h. en lugar de departamento y entonces el chino le explicó que el departamento no le pertenecía, si no que él era un inquilino. O más bien era tutor de las cajas depositadas, verdaderas inquilinas, porque era chino y pensaba de una manera extraña. Y Diana le preguntó entonces que porqué no la depositaba también a ella en el p.h. así podía inquilinar también ella con su marido en Villa Crespo a la vuelta del trabajo y no le faltarían cajas para estarse quietas ni judíos para ver pasar. Entonces el chino le contestó que para eso debería ser su tutor como lo era de las cajas. Y entonces le regaló una licuadora, la invitó a cenar con el Marqués y la llevó del brazo al altar el día de la boda. Las cajas siguieron entrando y saliendo, ya llenas, ya vacías, el matrimonio engendró un hijo que se llamó Felipe y Felipe engendró un perro que se llamó Felipe por orden de su madre, en honor a un niño que tuvo cuando era perra.
- Eso no es contar. Es jugar a los Fichines
- A los FiChinos
- Con vos no se puede. Y menos acá.
- Quedate
(...)
8 comentarios:
Sigo esperando?
si, mala onda.
total vos nunca te rendís con este blog, no?
Hasta ahora, me va gustando...
Por eso sigo esperando
te gustan los beatles, mala onda?
www.unkilodeaburrimiento.blogspot.com
epa! aplguien que lo leyo todo!
gracias, anonimo de siempre...sos mi lector mas fiel
no lo leí, nunca leí un post entero, salvo el del cine que me gustó
bueno...si querés criticar cosas que no leiste, el lugar indicado para eso queda en puán y pedro goyena
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