domingo, 2 de diciembre de 2007

Literaturidad






El problema es cuando se sale de casa sin muchas ganas, más por salir que por ir a algún lado, se suele llegar bastante lejos, volver bastante tarde y en malas condiciones.

La palabra sur, entonces, parece tener su cartelito en todas las fachadas y alguanas de ellas son más lindas descascaradas y mohosas que recién pintadas.

Se pierde un poco el tiempo, bastante, acá perder el tiempo es mirar los que pasan y pensar en ellos con crueldad o melancolía, posar en blanco y negro y gastar plata en tomar algo de tomar o de transporte, cosas para empastar y desempastar la boca, en fin, lo de siempre.

Abarandada en la costanera viene uno, pide un pucho, pide fuego, pregunta si molesta su sentarse ahí, dice que no y no tiene cara de mentir ni de verdar.

Hace como media hora que pensaba porqué el borrador se llamaba borrador y la tiza no se llamaba escribidor o, en todo caso, porque el borrador no se llamaba bloque-de-madera-con-felpa y eso no se disimula fácil.

De repente escoto-sarcasmo, birri-cinismo? No, había salido de neto paseo y la gente hablando era siempre fotogénica.

Cabe preguntarse qué la baba y de qué la plata, en qué momento empezaron a babearse las manos en cuenco los poetas del riachuelo.




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