Aprovecho las fiestas para volver a escribir,
suponiendo que hubiese algo que decir
respecto de la cara de mis padres en el brindis.
A veces me pregunto por qué no brindamos a las once y media y ya
Cuando terminamos de comer
Y escuchamos los petardos en la cama.
En lugar de esperar a las doce masticando algo; la cena donde no pasan dos minutos
sin que alguien haga un chiste.
Cómo es que festejamos el año nuevo en el momento en que llega.
Podría contarte que a las doce subimos a la terraza
Que mi terraza es en una esquina y el cielo se ve muy grande
Que yo juego a adivinar quiénes están tirando los fuegos que veo.
Aquellos son los de All Boys
Allá los de la plaza Versailles, compraron un montón
Aquello debe ser en Parque Avellaneda.
Los del pasaje de enfrente desde las tres de la tarde que tienen las reposeras afuera
Se hicieron las doce, vinimos a la terraza a ver los fuegos
Y a mi me dan muchas ganas de llorar.
Fijate que hubo un día de estos a la hora de la siesta
Que me dio calor y estuve muy sobria y me agarre unos papeles
Como para incorporarme, contestarle al dedo que me viene señalando.
Después anochece de vuelta, ponele que sea algo así como veintiocho de diciembre, yo renuncié al trabajo la tercera vez que me dejaste y ahora no tengo nada que hacer
Acá nadie está diciendo nada al respecto, nos hemos suspendido hasta que sean las doce.
No es que me emocione ver a los vecinos acalorados y eufóricos
No es que piense en hombres empecinados en festejar a los días que pasan
Ni pienso en los desdichados que no han sido convidados a ningún banquete.
No se en que estoy pensando, en otro tiempo creí que eran las personas increíbles
que compraban muchas cosas
para poner alrededor al abrazarse,
en otro tiempo pensé en si acaso
el cielo no estaba ya bastante lleno de cosas,
después creí que no.
y a mi me dan ganas de felicitarlos a todos por haberselo aguantado
y por patotear así al mundo pidiéndole más; me dan ganas
de salir a abrazar a todos esos bravos que festejan.
haciendose las doce subo a la terraza a ver las filas
el desfile ruidoso de los millones de voluntarios que dicen no sólo
poder con esto, además les queda plata y tiempo que despilfarrar en el cielo
yo los admiro y me dan muchas ganas de llorar
pero después esos bravos ponen cumbia y empiezan a mecerce
y ahí ya me hinchan las pelotas.
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