miércoles, 3 de octubre de 2007

Facultades

Casi podríamos haberlo previsto, somos tan amigos si alguin menea la despeinada arriba de una guitarra. No es que no nos hayamos dado cuenta, a los dos se nos ocurrieron bandas con contrabajo y nos sentimos hetéreos. Había que ver, entonces, como nos reíamos de lo denso cantando un verso y otro de palabras claras y otra vez el primero y otra vez el segundo por encima de un contrabajo enorme en el cual guardábamos toda la música que queríamos hacer.

Uno pataleando en boedo con un vozarrón de palabras graves me acusaba de ser mentiroso como un tango.

Son debates muy serios, en el fondo lo sospechábamos. Es música y está hecha con ruidos. Ruidos como los que hacen las cosas al rozarse, freírse, al caerse, ruidos parecidos a ruidos de gente, más o menos parecidos a la voz y humana, masomenos idénticos a la voz de que te quiero mucho, depende cuán eruditos seamos. Sin embargo se te veía venir, vos sabías bien que no te iba a regalar mi poesía en un delirio balconero como si una guitarra mal rasgueada y tu sacrilegio de ruta y madrugada me llevaran a planear melodías sobre contra bajo sin tras.

- Dala, discutamos
- ¿Otra vez?
- Si, dale. ¿Vos cual querés ser?
- Mmmm... el historicista cínico. ¿Vos?
- Yooooo... el documentado escéptico.
- Ese ya fuiste el otro día.
- ¿Y qué? Andá, traé los dados.

(...)

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